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He tardado 20 años en cerrar (para siempre ya) el proceso de creación de esta novela. Podría dar muchas razones para justificarme, pero diré que, simplemente, fue la vida que se me coló en medio.
Escribir "Brujas bailando el tango" fue una experiencia irrepetible y emocionante. Sentirse creadora -grande o pequeña- es algo importante que te cambia por dentro. Los personajes están por ahí, apareciendo de repente en una calle a media distancia, formando parte de los recuerdos en la ficción y en la propia vida, porque discurren en paralelo tantas veces que te lías. Estoy por todas partes en esta novela. Me siento cómoda con las chicas porque me permitieron fundirme con sus luces y sus sombras.
No sé si es una buena novela porque todas las personas que la han leído me quieren mucho. Con el pasar de los años he perdido objetividad frente a mi texto, porque solo con releerla me siento tan feliz como lo fui escribiéndola. Por tanto, aquí queda mi novelita querida para que, si te apete…

Capítulo 1

De camino al aeropuerto de Sondika acabó de estropearse el día. Era un domingo de principios de noviembre, alrededor de las ocho de la tarde. Hacía ya un par de horas que había caído la noche. Las nubes que llegaban del oeste habían ido ocultando el sol y privado de claridad a aquella parte de la tierra. La luz de los faros del coche era la única referencia en la carretera. Llovía con fuerza. Nico tenía la mirada seca y Fernando no la sentía llorar; accionaba el limpiaparabrisas como si aquel diluvio que caía sobre el cristal no fuera con él. Estaba muy excitado y hablaba sin parar. Aquel trayecto al aeropuerto era el primer paso hacia el logro de uno de sus más ansiados sueños. Llevaba unos días insoportable; de un lado para otro, que si haciendo este papel que si rellenando decenas de impresos. Y ese rutilante quehacer había invadido la vida de Nico, que sentía que lo único que conservaba de lo que habían tenido en común era su lugar a la izquierda de la cama. Fernando se marchaba tem…

Capítulo 2

Por entre las rendijas de la persiana se colaba el rayo de sol más coqueto de la mañana. Iba a reflejarse en el centro mismo del espejo proyectando su luz sobre la silla donde Nico dejaba la ropa por las noches. La niebla se estaba despidiendo de la ciudad. Hacía tiempo que las gentes iban y venían por las calles con destino a sus lugares de trabajo o de vuelta de ellos. También los niños habían saludado al nuevo día de camino al colegio. Unos y otros caminaban ligeramente encorvados hacia delante, creyendo que así los cuatro grados de temperatura no conseguirían penetrar hasta sus huesos. Nico había apagado el despertador hacía algunos minutos. Se aferraba a las mantas como si quisiera evitar que alguien la sacara de la cama por la fuerza. Fernando lo hacía habitualmente. El rayo de sol iba ganando terreno poco a poco; alcanzaba ya el pelo de Nico y a ella le parecía una caricia. Miró la hora y la comprobó en el despertador con la esperanza de que la tuerca de su reloj hubiera vuelto a…

Capítulo 3

Mirando las flores, oliéndolas, tocando los pétalos de cada una de ellas quiso Nico sentirse más cerca de Fernando. Abrazó un capullo con una de sus manos y tiró de él con suavidad, consiguiendo liberarlo de las redes de la esparraguera sin trastocar demasiado el ramo. Se acarició la mejilla con la rosa y cerró los ojos durante un instante para respirar la intensidad de su aroma. Al agarrarla por el tallo reparó en que las espinas habían sido sajadas. Tenía entre sus manos una rosa indefensa, desposeída de su poder. Pensó que desde que alguien descubriera que aquélla era la única manera de poseer tanta belleza, era difícil ver una rosa que no hubiera sido mutilada. Nico pasó su dedo índice por las marcas de los tajos como queriendo aliviar el dolor de una herida. Volvió a olerla y la dejó sobre la mesa a los pies del ramo.
Quitó el celofán y el lazo y liberó las flores. Hizo un hueco para la rosa que había sacado antes y redistribuyó el ramo, ahora mucho más holgado en el jarrón. Resca…